Aprendiendo de nuevo
He aprendido que en la vida, el cambio es la única constante. Y que nadie lo quiere, a veces ni cuando es para mejor (generalmente porque no es fácilmente identificable como tal), pero sobre todo nadie está preparado para él cuando (por desgracia a menudo) se presenta sin avisar. Lo único que podemos hacer es estar siempre preparados para recoger los bártulos -los que queden- y continuar andando, como sea, en la nueva dirección que habrá que marcarse o en la misma si es posible.
Una vez aprendes esta lección en tus propias carnes de la manera más dura posible, se te graba a fuego la decisión de hacer de cada día algo importante, agarrar cada momento como si se fuese a escapar. Si tienes suerte aprendes a abrazar de un modo nuevo, tus seres queridos se sorprenderán de que en un cuerpecito de 1,64 y con esos brazos tan escuchimizados haya tanta fuerza. Aprendes a besar como si siempre tuvieras 15 años y fuera la primera vez. Por desgracia también es común que esta nueva actitud genere una sensación de agradable bienestar en una vida de agradecimiento por lo que se tiene y que esa sensación se convierta pronto en comodidad y la comodidad te devuelva al estado anterior al cambio, la costumbre de que todo sigue igual, de que tu vida es feliz hoy y seguirá igual mañana. Es ahí cuando doblas la esquina y de nuevo te chocas con la farola. Por suerte el tiempo de reacción es algo menor y te da tiempo a agarrarte los machos.
Esta vez ha habido suerte, mucha suerte. Pero no dejo de recordar que en otra ocasión no vi el golpe hasta que no vi la sangre, y vaya si dolió. Aún duele. Por eso quiero recordarme a mi misma, hoy y cada día que venga a partir de hoy, que cada abrazo cuenta, cada beso, cada caricia. Que nada puede quedar al azar, que siempre hay una intención, un sentimiento. Que te quiero cada día más y que tu dolor es el mío cada día que me despierto y se que lo estás sintiendo. Y que igual que yo siento tu dolor como si tu brazo fuera el mío, espero que sientas tu mi amor como si mi corazón fuera el tuyo. Que la noche que tu no duermes no duermo yo, aunque no estemos en la misma habitación para juntar las camas. Y que no te voy a dejar solo un momento, ni cerca ni lejos. No puedo calmar tu dolor, pero intentaré llevarlo contigo. Sólo tengo mi amor para darte, espero que sea bálsamo suficiente.
Y que ya sabes qué es lo que te espera de rehabilitación (eso no lo pongo aquí, que este blog es público y lo mismo me leen niños xD). Espero que sea un aliciente para que te recuperes. Y para que luego le eches mucho cuento
Te quiero.
831 Visitas


Al principio creía que era una cosa, por la mitad creí otra peor, casi al final ya supe a que te refieres. Ahora sólo me quedan los detalles que imagino no contarás por aquí. Si quieres, si así lo deseas, ya sabes donde ando.
Siempre es un placer leerte, saber que sigues vivita (y coleando).
Besitos guapa.